Charada

A estas alturas, no debería sorprendernos la capacidad de la mítica Audrey Hepburn para desarrollar un papel lleno de glamour. Sobre todo si se rodea de un reparto en el que el actor Cary Grant, quien comparte el protagonismo con la belga. Ambos comparten una de las pocas esencias que se mantienen en el cine clásico y que muy pocos profesionales de la actualidad pueden mostrar: la elegancia implícita en sus carnes. Parte de ese éxito de belleza se lo debemos al trabajo de su gran amigo, el diseñador Givenchy, que trabajó codo con codo con la actriz para el vestuario de la película. 




El atuendo femenino y el masculino son fácilmente reconocibles, sobre todo por seguir el aura de elegancia y sofisticación de la época. Incluso aunque la estética hubiera sido pobre sin la mano creadora del francés, estas dos estrellas habrían hecho brillar la cinta con su simple aparición. Siempre con el cuidado de la estética hasta el más alto nivel, la película de Stanley Donen refleja la sociedad de la época de 1963 a través de su vestuario. 

Empezando por el vestuario de ella, sus trajes de dos piezas siempre van acompañados de un colorido y unas texturas exquisitas. Ataviada con guantes largos, casquetes típicos en Hepburn y bolsos de mano con asa corta y realizados en piel son sus tres grandes aliados. También los abrigos pasan a formar parte de la calidad y la sofisticación con la que Regina, papel al que da vida, refleja la trama de la historia. 

Al igual que la podemos ver luciendo abrigos tres cuartos con doble botonadura y cuello alto en colores oscuros, como el azul marino o el negro, también aparecen en escena otras tonalidades que serían más complicadas de vestir si no fuera porque es Audrey quien las lleva: el amarillo mostaza y el rojo intenso. Ambos son diseños totalmente distintos

El primero es más moderno, con la botonadura sobre el centro de la pieza y con efectos bordados sobre el pecho para dar más dinamismo al estilo minimalista; mientras que la roja tiene una inspiración más clásica con detalles sobre la línea vertical y la media manga, que da más sofisticación a esta pieza corta. Aparecerán diferentes prendas a lo largo de sus apariciones, aunque esta última la repetirá en varias ocasiones

Por debajo de estas piezas de abrigo, Regina acostumbrará a llevar vestidos ligeros aunque de alta costura. Las tonalidades claras, ya sea en la propia prenda o en los detalles como cinturones o broches, serán los que contrarresten a otros vestuario más oscuros. Otro de los estampados que nunca puede faltar en un personaje suyo es el leopardo, que pierde extravagancia cuando aparece en accesorios como tocados o zapatos planos. Además, sus gafas de estilo retro -retro para nosotros, no para la época- combinado con un pañuelo de seda sobre la cabeza es una de las escenas que más popular hizo la actriz. 

Nunca la veremos sobre tacones más altos de 5 centímetros, aunque también es habitual que camine calzando unas bailarinas, como la verdadera Hepburn solía llevar a causa de su estatura -porque su 1,70 de altura hacía que sus compañeros masculinos de reparto parecieran más pequeños-. Aun así, pese a que no era una gran aficionada a los zapatos altos, su cuerpo alargado y su postura de bailarina le daban ese porte que no necesita de piezas ostentosas ni accesorios llamativos. 

El vestuario masculino era más simplificado. A Peter (Cary Grant) es al que más veremos por ser el otro gran protagonista de la cinta. A él le debemos sus trajes oscuros, pero no negros, combinados con gabardinas clásicas en tonos camel. Lo que más llamará la atención es su constante cambio de corbatas, que no variará de estampado liso pero sí de tonalidades: verdes, azules, rojas, grises y negras. Eso sí, con efecto metalizado para dar más dinamismo a su estilo pulcro. 

Las americanas que luce pueden ser simples, como si llevara una chaqueta de abrigo más, o elegantes, con el distintivo pañuelo a juego con la corbata sobre el bolsillo de la solapa. Siempre con el traje completo e impoluto, el calzado tampoco se saldrá de los estereotipos masculinos de la época: zapatos cerrado negro y con cordones. 

Las camisas de entonces eran distintas a las de ahora. Se asemejaban más a los años ochenta por el detalle de la doblez del cuello, que era más amplia y alta, y los puños; aunque el contorno de la pieza era más ajustado que entonces, similar a las que hay ahora. En alguna que otra ocasión le veremos en mangas de camisa, pero siempre con la chaqueta americana a mano por si hay que protagonizar alguna salida de la habitación. 


"Yo no muerdo ¿sabes? 
A no ser que sea necesario"





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