Lo que la Navidad se llevó

Se acabó la Navidad. Llega la famosa cuesta de enero. Empiezan las rebajas. Tres frases que no nos sonarán ajenas, ya que enero es para muchos uno de sus peores meses del año. Este representa un auténtico agobio para algunas personas, aunque para otras significa una etapa donde empiezan las rebajas. Para empezar bien el 2017. 





A partir de ahora, empezamos el año con grandes descuentos en prendas que antes codiciábamos pero que no podíamos hacernos con ellas. Ahora es posible. Son la solución perfecta para un bolsillo limitado, aunque con mucho gusto. Eso sí, hay que ir con cuidado, ya que puedes perder la cabeza en algún momento dado


No quieras conseguirlo todo, que no te de igual el precio porque "está rebajado", busca bien las gangas y sigue siempre el orden correcto: primero mirar, luego comparar y después adquirir. Porque, a pesar de que las rebajas son un acontecimiento lleno de codicia y capitalismo de por medio, también pueden resultar un problema psíquico. 


Hay que andarse con ojo, porque la revolución de masas que proponen desde Estados Unidos y que llegan cada vez con más fuerza a Europa, con esas colas inmensas, las largas esperas bajo un frío gélido a las puertas de un espacio comercial, los empujones, los insultos, etc. impulsa un alarde de poder donde todo está permitido. He aquí la civilización moderna. 


Resulta que las rebajas deberían suponer una pequeña ayuda, tanto para los comerciantes que venden sus excedentes de temporadas pasadas, como para los clientes, que pueden permitirse algún que otro capricho que no conseguirían el resto del año. Pero, con el tiempo, hemos visto cómo la gente enloquece -literalmente- por hacerse con todo tipo de descuentos. 


La moda -que es de lo que venimos a hablar- acude a las rebajas con la intención de dar salida a muchas piezas que no encontrarían hogar de manera normal. Los almacenes de tejidos empiezan a perder existencias y así podemos recuperar esos diseños que no llegamos a tiempo de adquirir, esos con los que todavía soñamos. 


Arte y sociedad
son calves 
para el desarrollo
de la moda


Pero resulta que, con esta práctica tan extendida y cada vez más repetida en diversos periodos, lo que potenciamos es una comercialización de la propia sociedad. Todos a por todo. Sin entender que la necesidad debe prevalecer a los deseos innecesarios, que no hace falta tener lo último de lo último o incluso que la moda es más que eso. 


Este oficio nació entre las clases altas para diseñar el vestuario más exclusivo, con una base artística. Con el tiempo se extendió la práctica a otras clases medias, para más adelante introducir el estilo entre piezas básicas y adaptables a toda la población. Por lo tanto, el arte formaba parte de ella, así como la unión de todas las clases sociales. 


Ahora más bien parece que se hace para volver a disgregar: no entre prendas pudientes y lowcost, sino entre quien lo tiene todo y quien se conforma con los restos. Se ha perdido la esencia de la moda real, la que cada uno elige, con la que se siente más cómodo y aquella que consigue identificarle y describirle. Eso es lo verdadero, lo que realmente se debe encontrar con las rebajas. Una pequeña ayuda que llega tras una temporada llena de excesos. 

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