Blancanieves. Mirror, mirror

El clásico cuento de ‘Blancanieves y los siete enanitos’ se presenta en esta película como una adaptación más moderna y con toques cómicos, entre los cuales destaca sobre todo el estilo de la Francia del siglo XVIII con sus aires ilustrados y nobles. Cuenta además, con un gran reparto que hizo que pasara a formar parte del grupo de adaptaciones de cuentos clásicos con una actriz de gran renombre que hace el papel de villana del cuento (como Angelina Jolie en Maléfica o Charlize Theron en Blancanieves y la leyenda del cazador).





En esta versión más renovada de Blancanieves, aparece una estética muy similar al de la nobleza ilustrada francesa de los siglos XVII y XVIII. Brillantes telas sedosas, encajes, grandes mangas, faldas abultadas, corsés ajustados al busto, remarcada cintura, etc. Una combinación de tejidos, colores, estampados y joyas. Muchas joyas.




La Reina (Julia Roberts), como suele pasar siempre en una película de estas características, es el personaje que lleva los trajes más impresionantes de la cinta. Aunque Blancanieves (Lily Collins) tampoco se queda corta, pero con un estilo más relajado que la exuberancia tan característica de la primera. 






De la Reina no solo impresionan sus vestidos, sino que también lo son los demás complementos, como los tocados y los collarines de acordeón propios de la moda masculina europea del siglo XVII (aunque la Reina será el único personaje que lo vista), los guantes y lazos de seda, o las mangas de hombro abultado y con puños largos de gran caída. El color rojo y los tonos anaranjados serán los más destacado dentro de su estética.







Blancanieves tiende a utilizar un estilo más sencillo, en comparación con la anterior. Es curioso cómo se consigue adaptar el uso de pantalones en una mujer: utilizan el corte palazzo para dar la sensación de que la protagonista lleva una falda larga, creada a partir de una campana muy ancha y de tela fina. El estilo con el que se vestirá durante la mitad de la película cambia de vestidos sedosos (aunque de menor calidad y voluminosidad con respecto a la Reina) y colores más vivos, a contar con tonos más oscuros y escotes más atrevidos, como el de línea recta con los hombros al aire. Los tonos azules y amarillos son los que complementan su estilo.








La delicadeza pertenecerá a Blancanieves, pero con toques más duros sin restar dulzura a su estilo y carácter. Mientras que la Reina tendrá un vestuario más cargado y lleno de complementos con brillos y plumas, pero utilizando telas más delicadas y suaves. Una combinación perfecta que les hace tener algunos pequeños detalles en común. 




Con respecto al vestuario masculino, también destaca por la utilización de una estética francesa noble e ilustrada. El protagonista y Príncipe de Valencia (ArmieHammer), utiliza levitas de corte napoleónico (hombreras doradas, doble botonadura de cordón y longitud de tres cuartos con abertura trasera), además de camisas de cuello vuelto y mangas abultadas con los puños ajustados a las muñecas. Los colores serán más sobrios, aunque el marrón rojizo y el dorado (perteneciente a la nobleza), serán los más característicos.










Los enanitos se caracterizarán por utilizar prendas muy gruesas con la textura de tierra o rocas, en tonos marrones oscuros y negros para poder moverse y camuflarse por entre los bosques. Los sombreros serán diferentes para cada uno: con estética napoleónica, en forma de boina, cabeza de lobo, de estilo cawbow, pañuelo de cuero ajustado, en forma de chistera o de hierro, simulando al estilo clásico de armadura española. 




El resto del reparto se dividirá también según sean sirvientes de palacio o pertenecientes a la corte. Los primeros tienen un estilo más real: mujeres con la cofia blanca característica de las trabajadoras de la época, con delantal y vestidos de media manga, añadiendo a su vestimenta toquillas o chaquetas de punto gruesas. 





La corte se caracterizará más por una estética más fantástica: colores (demasiados) vivos, con grandes volúmenes y mezcla de estampados, con diferentes tejidos y formas, y un exceso de complementos, como el uso de pelo de colores y con grandes alturas, además de mucho maquillaje, rozando incluso lo absurdo. Este último grupo tiene mucho que ver con la estética que ofrece la película ‘Alicia en el país de las Maravillas’ de Tim Burton. 







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