El olor del recuerdo

Pocas cosas son tan únicas como el olor a castañas. Esos momentos en los que llega poco a poco el frío, empiezan las primeras lluvias y la caída de las hojas ya es definitiva. Paisajes llenos de magia con atardeceres que cada vez llegan antes… Eso es noviembre: el tránsito entre el otoño y los comienzos de un frío invierno. Preparen las chaquetas pronto, porque la nueva temporada tardará en llegar menos de lo que esperan.




Poco se puede decir de un mes en el que se acumulan las cosas que hacer antes de llegar a diciembre, ese último mes del año caótico y lleno de sorpresas. Las campañas de otoño/invierno ya son puestas en práctica dando (o no) la razón a los diseñadores y las firmas de moda que apostaron por un estilo, un prenda, una imagen... Por fin llegan esas grandes respuestas a los interrogantes sobre qué triunfará y qué no después de la pasarela. 

Son tiempos de cambios continuos entre días de frío y de más calorcito, las lluvias y el sol, plan de mañana o de tarde, quedarse en casa viendo una película o salir a tomar algo con amigos, y un largo etcétera de decisiones. Un día se piensa una cosa y al otro te hacen cambiar de opinión. 

Pero por eso nos gusta tanto el mundo de la moda, porque es cambiante constantemente y porque puede que nos de momentos de indecisión, o tal vez otros donde nos encontremos ante una fotografía algo más antigua y pensemos "¡Dios! ¿Pero qué llevaba puesto?", pero sobre todo nos da momentos de alegría con los que empapamos esas prendas para después no ser capaces de desprendernos de ellas nunca. 

Y así pasa con la moda: un día te pones un modelo que puede que no vuelvas a querer estropear con nuevos recuerdos. Buscamos mantener los buenos momentos guardados en una caja o en un armario, donde tenerlo escondido pero a la vez verlo de lejos y sonreír. Porque así somos nosotros, necesitamos recordar lo que nos hacer realmente felices, como ese pequeño olor a castañas que tan buenos momentos de infancia nos han dado a más de uno. 


Comentarios