Toma de decisiones

¿Por qué nos resulta tan complicado decidirnos? He aquí el gran vacío de la evolución humana. Cuando somos pequeños siempre nos dicen que ya creceremos, que disfrutemos de nuestra juventud... Pero no entendemos el por qué, hasta que llega el día en el que te ves solo ante algún problema tan simple como "¿qué me apetece comer hoy?". Y ya no solo nos cuesta decidir, sino que muchas veces no somos capaces de cumplir con las promesas que nos hacemos a nosotros mismos por falta de voluntad, por falta de ganas, por mil y una excusas... La cuestión es que en ese preciso momento desearíamos volver a ser niños para solo tener que preocuparnos de crecer. 




Octubre es el mes de los tonos marrones y claros, con la caída de las hojas, las rebecas para la noche, el momento de desempolvar algunos abrigos y pañuelos... Es el mes del adiós definitivo del verano y, para muchos estudiantes como yo, el momento en el que empiezan unas clases cargadas de nuevos retos a cumplir. Puede parecer una época triste, pero lo cierto es que me encanta la llegada del otoño y la nueva imagen que va cogiendo la ciudad. 


Se empieza con ilusión, pero no se sabe muy bien como se acaba. Eso sí, intentas desfrutar de cada momento que vives a lo largo del curso, por muy coñazo que te pueda llegar a parecer. Ya sea por gusto o por ganas de terminar, las clases siempre llegan a su fin y nos tenemos que poner en la situación de decirnos a nosotros mismos "pero si hace nada acababa de empezar a estudiar, y ya estoy terminando la carrera prácticamente". Y sí, el tiempo parece que cada vez va más rápido, pero también es cierto que nos permitimos el lujo de no hacer nada en algunos momentos para disfrutar por completo de esos minutos que parecen eternos. 


¿Cuántas veces hemos dicho eso de "esta vez sí que sí" y al final nada? Pues la primera proposición para este año (porque para muchos un año va de septiembre a septiembre) es seguir adelante cueste lo que cueste, porque para eso uno mismo se propone algo: hacer todos esos cursos que siempre quise y nunca terminé de decidirme, dejar de tener mil agendas y post-it por todas las habitaciones para pasar a tener una sola bien organizada, llegar a tiempo a los sitios porque últimamente no llego bien a ninguna parte, hacer más cosas y quedar más veces con los amigos que para eso están, y un largo etcétera que pienso cumplir. Pero ya si eso más adelante, porque ahora estoy muy ocupada. 


Soy de esas personas que cuando sabe que tiene algo entre manos se lo organiza todo al milímetro y con mucha antelación para no tener que andar con prisas y estrés a última hora. Pero la última hora siempre llega y el toro nos acaba pillando de una manera u otra. Las escusas no las busco, llegan a mi como por arte de magia. Lo juro. Y por eso dejo de hacer todo lo que tengo pendiente y me cuesta decidirme entre unas cosas y otras porque, simplemente, no entiendo por qué tengo que decidir algo y no puedo tenerlo todo sin apenas esfuerzo. Mi problema no es que sea indecisa, sino que me gusta todo (o prácticamente todo) y siempre me meto en un compromiso porque no se decir que no. Así que segunda proposición importante a tener en cuenta: decir más que no a las cosas. O por lo menos elegir la menos mala. Pero para qué engañarme a mi misma, si al final siempre me acaban liando. 


Puede que las hojas caigan de los árboles y deseemos volver a empezar el verano para hacer todo aquello que querías y que al final (por X o por Y) te has dejado en el tintero, pero también podemos verlo como la oportunidad de empezar otra vez con nuevas decisiones a tomar, y esta vez cumplirlas de verdad. Aunque sepamos de antemano que no vamos a conseguir ni la mitad, por lo menos tener la esperanza de querer hacerlas. 

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